El sentimiento trágico de la vida en la novela de Unamuno

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Martes 19 de octubre 2021 a las 18:30h

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Mariano Rivera Cross

Escritor

Características del sentimiento trágico de la vida en las novelas Unamunianas: Amor, muerte, inmortalidad, nivola, simbolismo…

EL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA

 EL HAMBRE DE INMORTALIDAD:

Desde la época primitiva, bien se puede decir que  aquello que define más a hombre, destacándolo de los demás animales, es el hecho de guardar, de una manera u de otra, sus muertos sin entregarlos  al descuido de su madre la tierra todopoderosa: el hombre es un animal guardamuertos.

¿Y de qué los guarda así? ¿De qué los ampara el pobre? La pobre conciencia huye de su propia aniquilación, y así que un espíritu animal desplacentándose del mundo, se ve frente a éste y como distinto de él se conoce, ha de querer otra vida que no la del mundo mismo.

Cuando no se hacían para los vivos más que chozas de tierra o cabañas de paja que la intemperie ha destruido, elevábanse túmulos para los muertos, y antes se empleó la piedra para las sepulturas que no para las habitaciones.

Este culto, no a la muerte sino a la inmortalidad, inicia y conserva las religiones. En el delirio de la destrucción Robespierre hace declarar a la Convención la existencia del Ser Supremo y “el principio consolador de la inmortalidad” (Pág. 61-102)

  1. EN EL FONDO DEL ABISMO (Oliver Wendell Holmes) 128
  • Ni el anhelo vital e inmortalidad humana confirmación racional, ni tampoco la razón da aliciente y consuelo de vida y verdadera finalidad a ésta. Más he aquí que en el fondo del abismo se encuentran la desesperación sentimental y volitiva y el escepticismo racional frente a frente, se abrazan como hermanos.
  • El escepticismo, la incertidumbre, última posición a que llega la razón ejerciendo su análisis sobre sí misma, sobre su propia validez, es el fundamento sobre el cual la desesperación del sentimiento vital ha de fundar su esperanza.
  • Ni una ni otra de ambas posiciones nos satisfacía. La una riñe con nuestra razón, la otra con nuestro sentimiento. La paz entre estas dos potencias se hace imposible, y hay que vivir de su guerra. Y hacer de ésta, de la guerra misma, condición de nuestra vida espiritual.
  • Po tanto el Fondo del Abismo, es el irreconciliable conflicto entre la razón y el sentimiento vital. Y de una posible desesperación por dicho conflicto puede nacer la base de una vida vigorosa, de una acción eficaz, de una ética, de una estética, de una religión y hasta de una lógica.
  • (pág. 121) “Y el que me siga leyendo verá también cómo de este abismo de desesperación puede surgir esperanza, y como puede ser fuente de acción y de labor humana, hondamente humana, y de solidaridad y hasta de progreso… Y verá cómo para obrar, y obrar eficaz y moralmente no hace falta ninguna de las dos opuestas certezas, ni la de la fe ni la de la razón, ni menos aún esquivar el problema de la inmortalidad del alma. El lector verá cómo esa incertidumbre, y el dolor de ella y a lucha infructuosa por salir de la misma, puede ser y es base de acción y cimiento de moral… En una palabra, que con razón, sin razón o contra ella, no me da la gana de morirme. Y cuando al fin me muera, si es del todo, no me habré muerto yo, esto es, no me habrá dejado morir, sino que me habrá matado el destino humano”.
  1. AMOR, DOLOR Y COMPASIÓN

Siempre que hablamos de amor nos viene a la memoria el amor sexual. El amor entre el hombre y la mujer para perpetuar la especie humana en la tierra. Y es que el amor en el fondo  no es ni idea ni volición: es más bien deseo, sentimiento. Es algo carnal hasta en el espíritu. Gracias al amor sentimos todos lo que de carne tiene el espíritu.

Y todo amor es un dejar de ser para volver con más brío a dividirse. Acaso es el deleite del engendrar no es sino un anticipado gustar la muerte, el desgarramiento de la propia esencia vital. Nos unimos pero es para dividirnos, para partirnos. En el fondo, el deleite amoroso sexual, el espasmo genésico, es una sensación de resurrección, de resucitar en otro, porque sólo en otros podemos resucitar para perpetuarnos.

Y hablo de ello porque hoy en día puede ser tema de controversia. Nos dice Unamuno: ”El amor de la mujer es siempre compasivo. Se rinde al amante porque le siente sufrir con el deseo. Y por eso es su amor más amoroso y más puro que el del hombre y más valiente y más duradero”.

El amor espiritual a sí mismo, la compasión que uno cobra para consigo, podrá acaso llamarse egotismo, pero es lo más opuesto que hay al egoísmo vulgar. Porque de ese amor o compasión a ti mismo, de esta intensa desesperación, porque así como antes de nacer no fuiste, así tampoco después de morir serás, pasas a compadecer, esto es, a amar a todos tus semejantes, a tus hermanos en aparencialidad miserables sombras que desfilan de su nada a su nada.

Para amarlo todo, para compadecerlo todo, humano y extrahumano, viviente y no viviente, es menester que lo sientas todo dentro de ti mismo, que lo personalices todo. Porque el amor personaliza todo cuanto ama, todo cuanto compadece. Sólo compadecemos, es decir, amamos, lo que nos es semejante. En definitiva, nos dice Unamuno en la pág. 136: “Mal que pese a la razón, hay que pensar con la vida, y mal que pese a la vida, hay que racionalizar el pensamiento”.

  1. EL HOMBRE DE CARNE Y HUESO

CREACIÓN DE LOS PERSONAJES DE SUS NIVOLAS

  • Personajes: Puro querer ser, o no querer ser: Las cosas, res, lo que parece más real, no tiene nada que ver con la realidad humana.
  • Para responder a la pregunta ¿Qué es lo más íntimo, lo más creativo, lo más real de un hombre?, Unamuno acude al filósofo norteamericano Oliver Wendell Holmes, según el cual cuando conversan dos hombres, Juan y Tomás, entran seis en la conversación, tres Juanes y tres Tomases: El Juan real, que sólo conoce Dios; el Juan Ideal de Juan, es decir, el que este cree ser; El Juan ideal de Tomás, esto es, el que Tomás lo cree, y los tres Tomases correspondientes.
  • Unamuno acepta esto pero le parece un tanto intelectualista, y cree que hay otro Juan y otro Tomás aún más profundos y reales. Y este hombre más real es el que se quisiera ser o haber sido. Por el que hayamos queridos ser, no por el que hayamos sido, nos salvaremos o perderemos.
  1. CONCEPTO DE NIVOLA: EL LECTOR TAMBIÉN ES AUTOR. Carlos Arganzos- Blog El norte de Castilla (2012)

Es a don Miguel de Unamuno a quien debemos la invención del término ‘nivola’ para designar una nueva fórmula narrativa que, de acuerdo con la ruptura de las corrientes literarias de principios del siglo XX, trataba de superar los cánones de las viejas novelas decimonónicas.

La pulsión poética del pensador y autor de ‘Niebla’, ‘Amor y pedagogía’ o ‘Abel Martín’, todas ellas encuadradas en este nuevo ‘género’, le llevó a buscar una manera diferente de narrar donde el contenido se rebelara contra la dictadura de la forma, y donde el diálogo, o el pensamiento, se impusieran a la necesidad de crear un ambiente realista, definir minuciosamente la psicología de los personajes y recurrir de manera perpetua al narrador en tercera persona. «Voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá (…) Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo», escribe en el capítulo XVII de ‘Niebla’ (1914).

Desde entonces la ‘nivola’, es decir, la novela del siglo XX, logró construir durante la pasada centuria un extraordinario edificio literario capaz de cautivar a millones y millones de lectores, a pesar de que esta libertad formal, proclamada sobre todo por los escritores de principios de siglo, a veces llegó al límite de lo soportable. Yo confieso que para leerme en su día el ‘Ulysses’ de Joyce, sin duda una de las ‘novelas’ que más me han impresionado, tuve que recurrir, después de dos intentos, al truco que me recomendó una buena amiga: empezar de atrás hacia delante, como hacen una buena parte de los lectores de periódicos. Y nunca se lo agradeceré lo suficiente.

Es cierto: frente a la propuesta creativa y literaria de Unamuno, las novelas del siglo XX antes que romper las reglas del juego de la narrativa decimonónica lo que han hecho es perfeccionar la fórmula, adecuándola a los gustos de los hombres y mujeres de su tiempo. Y permitiendo descubrir al paso, eso sí, a algunos de los más grandes escritores de la historia, cuyas obras han funcionado como elementos transformadores del alma humana. Desde Gabriel García Márquez hasta Miguel Delibes. Desde Julio Cortázar hasta James Joyce o Thomas Mann.

¿Y qué espacio le queda a la novela en el siglo XXI? Lo cierto es que al lado de fenómenos extraliterarios como el de la saga de ‘Harry Potter’, que en solo diez años vendió cuatrocientos millones de libros (ahora se calcula que va por los mil) y se tradujo a 65 idiomas, la novela, en cualquiera de sus divisiones, sigue siendo el género preferido por los lectores de todas las culturas y de todas las edades. A su lado, además, se han colocado en los últimos años los relatos y los microrrelatos, más cerca de la necesidad de una buena parte de los lectores de disponer de elementos de lectura rápidos e intensos, que no exijan tanta dedicación lectora como las grandes novelas ‘tradicionales’. A pesar de lo que dicen los agoreros, al lado de la ‘novela exprés’, la de uso y consumo perentorios sin más pretensiones que la de entretener o evadir durante un rato, cada vez que surge una propuesta interesante hay millones de personas ávidas por entrar en su mundo. Si todos los lectores siguen el camino de mi hijo de trece años, que comenzó con JK Rowling, ahora va por Agatha Christie, Eduardo Mendoza y Manuel Vázquez Montalbán, y ya tiene en la mesilla de noche su primer García Márquez, creo que estamos salvados.

Al final, un siglo después, volvemos a lo que decía Unamuno: « ¿Qué es eso de que ha pasado la época de las novelas? (…) Mientras vivan las novelas pasadas vivirá y revivirá la novela. La historia es resoñarla».

  1. EL PROBLEMA DE ALCANZAR LA INMORTALIDAD EN LA VIDA PRÁCTICA (PÁG. 224)

Lo irreligioso, lo demoniaco, lo que incapacita para la acción o nos deja sin defensa ideal contra nuestras malas tendencias, es el pesimismo aquel que pone Goethe en boca de Mefistófeles cuando le hace decir: ”Todo lo que nace merece hundirse”. Este es el pesimismo que los hombres llamamos malo, y no aquel otro que ante el temor de que todo al cabo se aniquile, consiste en deplorar y en luchar contra ese temor. Mefistófeles afirma que todo lo que nace merece hundirse, aniquilarse, pero no que se hunda o se  aniquile, y nosotros afirmamos que todo cuanto nace merece elevarse, eternizase, aunque nada de ello lo consiga. La posición moral es la contraria.

Sí, merece eternizase todo, absolutamente todo, hasta lo malo mismo, pues lo que llamamos malo, al eternizase perdería su maleza, perdiendo su temporalidad. Que la esencia del mar está en su temporalidad, en que no se enderece a fin último y permanente.

The right man in the right place, dice una sentencia inglesa: el hombre que conviene en el puesto que le conviene. A lo que cabe replicar: zapatero a tus zapatos ¿Quién sabe el puesto que mejor conviene a uno y ara el que está más apto? ¿Lo sabe él mejor que los demás? ¿Lo saben los demás mejor que él? ¿Quién mide capacidades y aptitudes Lo religioso, es sin duda, tratar de hacer que sea nuestra vocación el puesto en que nos encontramos, y, en último caso, cambiarlo por otro.

Aquí tenéis un zapatero que vive de hacer zapatos, y que los hace con el esmero preciso para conservar su clientela y no perderla. Ese otro zapatero vive en un plano espiritual algo más elevado, pues que tiene el amor propio del oficio, y por pique o pundonor se esfuerza en pasar por el mejor zapatero de la ciudad o del reino, aunque esto no le dé ni más clientela ni más ganancia, y sí sólo más renombre y prestigio. Pero hay otro grado aún mayor de perfeccionamiento moral en el oficio de la zapatería, y es tender a hacerse para con sus parroquianos el zapatero único e insustituible, el que de tal modo les haga el calzado que tengan de echarle de menos cuando se les muera “se les muera” y no sólo “se muera”, y piensen ellos, sus parroquianos que no debía haberse muerto, porque les hizo calzado pensando en ahorrarle toda molestia y que no fuese el cuidado de los pies lo que les impidiera vagar a la contemplación de las más altas verdades: les hizo el calzado por amor a ellos y por amor a Dios en ellos: se los hizo por religiosidad. (Pág. 231)

  1. EL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA EN LA NOVELA UNAMUNIANA

“Amor y pedagogía” (1902)

 “Niebla” (1914. Dos años después de El Sentimiento T. de la V.)

“Abel Sánchez” (1917)

“La tía Tula” (1920)

“San Manuel, bueno y mártir” (1931)